Creepozoides (1987)

Creepozoides (dir: David DeCoteau, 1987)

Creepozoides (dir: David DeCoteau, 1987)

Título original: Creepozoids
Año:
1987
Director: David DeCoteau
Guión: David DeCoteau y Buford Hauser
Reparto: Richard Hawkins, Kim McKamy, Linnea Quigley

Creepozoides es un clásico de la serie Z más videoclubera de los 80, por lo que merece que todos nos postremos ante el ordenador, antes de leer esta reseña. Y es que incluye todos los elementos que hacen de aquella década una época mágica, a pesar de la cutrez del filme, que nadie puede tomarse en serio, a no ser que la vieras el año de su estreno, siendo un niño.

Para empezar, el largometraje empieza con una científica, que simula estar experimentando, dentro de un laboratorio. Entonces comienza a oír unos extraños sonidos tras una puerta. La tipa pregunta tres veces si hay alguien ahí, hasta que se atreve a abrir la puerta y se encuentra con un pedazo bicho que le ataca (o eso suponemos). Después, aparecen unos títulos que nos explican que, debido a una guerra nuclear, el mundo ya no es lo que era, pues está repleto de catástrofe y de desertores del ejército, que vagan por las ciudades derruidas, huyendo de la lluvia ácida y de otros hombres mutados.

Y mientras conocemos a un grupo de dichos desertores, nuestros ojos comienzan a rezumar felicidad, pues gracias a los créditos, nos enteramos de que la gran Linnea Quigley se encuentra entre los protagonistas, y como no son muchos, pronto la hallamos. También aparece una tal Kim McKamy, un nombre que puede no decir nada, pero que se trata de un pseudónimo de Ashlyn Gere, mítica actriz porno, intérprete de títulos tan sugerentes como Sorority Sex Kittens o The Pink Pussycat. Nuestro cerebro se activa en esos momentos, y sabemos que al menos nos podremos deleitar con un desnudo, ¿y quién sabe si el pillín del director no nos ofrecerá un lésbico entre ambas actrices?

Es que esa es otra: el director y co-guionista del cotarro, no es otro que David DeCoteau, uno de los discípulos más aventajados de Roger Corman (hacia el que hay un guiño en el filme; a ver si sois capaces de descubrirlo) y colega de aventuras de Charles Band y compañía (realizó alguna entrega de su saga de los muñecos). Todo ello garantiza la aparición de senos, diversión, muñecos que aparentan dar miedo y sobre todo, mucho amor por el cine de terror.

Podríamos afirmar que este titulo surgió tras el tremendo éxito internacional de Aliens, justo el año anterior, como pasó con miles de películas con bicho estrenadas tiempo después. Como en el famoso filme de James Cameron, DeCoteau ubica a sus personajes en un recinto claustrofóbico donde mora el ser, que les va dando caza, cual perdices. Aquí también se trata de militares, aunque estos han abandonado las filas, por lo que son unos totales antihéroes, y la criatura, como el Alien, despide una especie de líquido tóxico, que mata a sus víctimas al poco rato. Salvando las distancias, Creepozoides no para de emular a Aliens, pero con diálogos más absurdos y muchos menos personajes (solamente cinco, contra todo un batallón de marines en la peli de Cameron).

Los roles creados por DeCoteau no llevan a engaño, sabes quién va a sobrevivir y quién será el primero en palmar: están el empollón que sabe de Informática, el chulo con mala leche y gatillo fácil, la rubia calientabraguetas, la morena maja que sabe cocinar (y que en un determinado momento, sabe incluso de ordenadores y de química) y el héroe que intenta salvar a todos. Hagan sus apuestas sobre el orden de muertes.

La película no tarda en arrancar, principalmente por su escaso metraje, de sólo 71 minutos, contando los créditos finales. Al poco de comenzar, cuando los protagonistas encuentran una especie de laboratorio, donde refugiarse de la lluvia ácida y de la guerra, ya vemos una cabeza sin cuerpo y el primer personaje muere. El empollón que sabe de Informática, investigando en los ordenadores del lugar, descubre que allí se llevaban a cabo experimentos con aminoácidos, para no tener que recurrir nunca más a la comida; pero por un extraño suceso, la gente se empezó a violentar y se mataron unos a otros.

Tras una romántica ducha entre Linnea Quigley y el chulo del filme, todo va sobre ruedas: ratas gigantes, el monstruo cargándose a todo quisqui, persecuciones, disparos, cadáveres… Un no parar, que te hace gozar de lo lindo. Y atentos a la pelea final entre el último superviviente y la cosa, de la que sale un monstruo bebé. Increíble.

Vamos, una película muy disfrutable, muy de su época, que hoy día no se podría ni se sabría hacer.

By Mario.

6ª Participación para el concurso, y como no, de la mano de Mario! Como se nota que es un fanático de Killer Klowns!

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