Viernes 13 – 7ª Parte (1988)

Título original: Friday the 13th, Part VII: The New Blood
Año: 1988
Dirección: John Carl Buechler
Guión: Manuel Fidello, Daryl Haney
Reparto: Kane Hodder, Lar Park-Lincoln, Susan Jennifer Sullivan

Llegado el año 1988, la franquicia de Viernes 13 estaba en pleno apogeo, pues cada nueva entrega era todo un éxito de taquilla, aunque a la crítica cultureta le hervía la sangre cada vez que se estrenaba un nuevo filme de la saga de Jason. No obstante, algún lumbreras de la Paramount, consideró que había que aportar algún elemento novedoso a la saga, para que no consistiese siempre en lo mismo (como si ello importase realmente), con el mismo villano de siempre, cargándose a los adolescentes estereotipados de siempre. En lo que nadie reparó era que eso propiciaba el encanto a la saga, las muertes, cada vez más retorcidas, sangrientas y con armas inverosímiles. Pues bien, el hijito enchufado del dueño de Paramount (un suponer), pensó en incluir algo nunca visto antes en otra entrega del viernes maldito. Antes ya habían utilizado el 3-D; el asesino fue la madre, después el hijo y más tarde un tarado policía; Jason pasó de emplear un saco de harina como máscara a una de portero de hockey; se le había revivido con un rayo… Por tanto, se empezaron a comer la cabeza, los grandes ejecutivos del estudio, para encontrar algún elemento que llevase a millones de espectadores a las salas. ¿Cuál fue el resultado? Pensaron que lo mejor era unir Viernes 13 con Carrie, de manera que metieron con calzador, rompiendo con el espíritu de la saga, a un nuevo personaje, que estuviera a la altura del señor Voorhees: una adolescente con poderes telequinésicos, que puede mover las cosas con el poder de su mente. Una tontería como un piano, que jamás llega a funcionar en pantalla, aunque logra algunos momentos muy conseguidos en la película, pues Jason encuentra alguien que le planta cara y consigue frenarle. Mas obviamente, sólo lo consigue al final, pues antes, el del machete hace de las suyas, durante una hora de metraje, acuchillando a diestro y siniestro.

Para lograr semejante disparate, el director contratado fue John Carl Buechler, procedente del departamento de maquillaje y efectos especiales de la factoría de Charles Band y familia, y director de “clásicos” como la tercera parte de Ghoulies  o Torok, el Troll. Ello demostraba que a la Paramount empezaban a importarle un pimiento Jason y sus víctimas, o que pensaban que siempre tendría éxito un filme de la saga, a pesar de su penoso planteamiento. Y es que las recaudaciones de estos filmes, nunca bajaban de los 20 millones de dólares en cines estadounidenses, por lo que había que explotar la gallina de los huevos de oro como fuese; así, cada año se estrenaba una nueva peli, como ahora sucede con Saw, donde cada entrega no llegará a ser un bombazo, pero sí se llevará pelas a casa. Además, la producción de estas películas era muy barata, pues sólo eran necesarios unos cuantos jovencitos guapetones que se despelotaran, unos guionistas medio borrachos, efectos especiales sangrientos y resultones, y un departamento de maquillaje que pudiese inventar todo tipo de heridas y muertes. Por ejemplo, esta séptima parte, sólo costó 4 millones de dólares, ganando los 20 millones de los que hablaba antes. Cualquiera se queja así. La octava parte, que intentó innovar nuevamente, recaudó menos que en ocasiones anteriores, por lo que en la novena, se le da un giro de 180º grados al personaje y a la historia, aunque se confirmó así su decadencia. Por estas fechas, la Paramount, responsable del personaje, vendió los derechos de la saga a la New Line Cinema, a tope también en esas fechas, gracias a Pesadilla en Elm Street. Su objetivo era enfrentar, ya por entonces, a los dos grandes iconos (de ahí el plano final de la novena parte de Jason), cosa que no se logró hasta muchos años después.

Y como no quiero enrollarme con los datos históricos mucho más, retomo el asunto del director escogido para el filme: John Carl Buechler, cuyo nombre ya parece de broma. Esta elección pareció estar tomada a cachondeo, tras una noche de farra entre los ejecutivos del estudio de cine, ya que Buechler nunca se había tomado demasiado en serio su carrera (venía de dirigir la mítica Troll), lo cual se demuestra al visionar la película aquí reseñada. Esta es la secuela que más vira hacia la autoparodia del personaje y las situaciones, y no puede ser vista con seriedad, como sí ocurría con secuelas precedentes.
Para empezar, las muertes son ridículas y risibles, no son terroríficas ni salpican sangre a la pantalla, pues todas parecen bromas pesadas. Por ejemplo, el chaval al que le revienta un ojo con una trompetilla. Por otra parte, el asesino siempre llega por detrás, sin que los personajes se percaten de su presencia, tras minutos y minutos siguiendo sus pasos; y así pasa con todas las muertes, no hay ninguna en la que Jason salga de un armario o aparezca frente a ellos, ¡ninguna!, todas por la espalda. Parece ser que ahora Jason teme a los jóvenes de hormonas desatadas o ya no es tan inventivo como antaño para aniquilar. Eso sí, la mejor muerte es la de la tienda de campaña, homenajeada después en Jason X.
Encima, Jason, en un momento concreto, empieza a sacar armas extrañísimas, sin saber de qué lugar, como si estuviéramos ante una parodia tipo Scary Movie, como el momento en el bosque, en el que saca de la nada, una motosierra gigante, y momentos antes le habíamos visto con un hacha. Una estupidez, que parece burlarse de viernes anteriores.

Como siempre, los personajes son bastante estúpidos, pero aquí llegan a límites insospechados. No empatizas con ninguno, ni siquiera con la protagonista con poderes, que es la que resucita por error a Jason, al pensar en su padre, a quien mató cuando era una niña. Y el argumento para llevar a la chica a ese campamento maldito es muy pero que muy tonto: intentar curarla y que dé rienda suelta a sus poderes, justo en el lugar donde falleció su padre. Para ello, es acompañada por un médico, el malo de la función, y un familiar suyo (no recuerdo si era su madre, su tía o su bisabuela, ni me importa). Como es de prever, ambos morirán humillantemente, mientras la chica se salva con el guapetón de turno.

Esta es la típica peli que sólo se puede disfrutar en compañía de amigos y birras, para reírse de muchas situaciones del filme. Prescindible, aunque admirada por unos cuantos.
Pero también cuenta con puntos a su favor: el genial e innovador maquillaje de Jason, que como siempre, nos desvela su rostro hacia el final, similar aquí a un zombie en descomposición (hay que recordar que estuvo un tiempo muerto), y el enfrentamiento entre él y la joven telequinésica, que recuerda al de Freddy vs Jason. Ah, y es la primera ocasión en la que el gran Kane Hodder interpretó a Jason, otorgándole los amaneramientos y gestos que todos asociamos al personaje, gracias a su corpulencia y a ese característico movimiento de hombros, antes de atacar a su próxima víctima…

By Mario

10ª Participación para el concurso, de la mano de…… Mario!

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