Hell (2011)

2016: Das Ende der NachtDespués de The Divide, Hell es la segunda aportación del pasado festival de Sitges, sobre temática post-apocalíptica pero con ciertos matices. Si en The Divide nos intentaban colar una subtrama de ciencia-ficción y el film iba sobre el comportamiento humano; en esta ocasión, nos encontramos ante un film ecologista con leves toques caníbales. Sí, sí… habéis leído bien!  Pero esta ocasión es diferente, con la excusa post-apocalíptica se hace lanza un claro mensaje ecologista y de concienciación sobre el calentamiento global, y al final nos intentan colar el canibalismo! Pero tampoco es dejéis impresionar mucho…

Hell (2016: Das Ende der Nacht) es la opera prima de un joven realizador alemán: Tim Fehlbaum. Estaremos asistiendo a un relevo generacional ¿? Porque este año se han presentado varias operas primas de ‘jóvenes’ realizadores como: EVA, Seconds Apart o The Caller, por mencionar algunas. Tim Fehlbaum se encarga de la realización y del guión-historia, junto con Oliver Kahl & Thomas Woebke.

La película comienza presentándonos el cataclismo mundial de turno: el calentamiento global ha hecho subir la temperatura en todo el planeta, y por tanto, escasean el agua y la comida, ya que el planeta se está convirtiendo en un desierto.

Hell - Supervivientes

3 supervivientes: Phillip (Lars Eidinger), Marie (Hannah Herzsprung) y la joven, Leonie (Lisa Vicari), intentan sobrevivir como pueden, gracias sobre todo, a su astucia y un coche, que les hace las funciones de refugio. Tras detenerse a repostar (más bien diría, saquear) en una gasolinera, conocen a Tom (Stipe Erceg), un mecánico.

A cambio de gasolina y algunos víveres, Tom se unirá al grupo en busca del Santo Grial. Es decir, nuestro grupo de supervivientes se dirige a las montañas, donde la visión de un águila, les hace creer en la esperanza que en las montañas encontrarán algún sitio con agua.

Pero nadie les ha dicho que el camino hacía su ‘paraíso’ sea un camino de rosas, todo lo contrario, un hallazgo en el mismo, les hará ver que no todo el mundo se comporta de la misma forma civilizada. En su paso por las montañas, la cosa se complica cuando se topan con otro grupo (más numeroso) de supervivientes con distintos intereses a los suyos.

Pronto descubrirán que en épocas duras, los instintos más básicos y primitivos prevalecen sobre cualquier valor moral, sobre todo, cuando ni las religiones ni la fe pueden darte de comer o beber!

Agua! Agua! Agua! (Hell)

Para mí gusto, hubiera sido mucho más interesante explotar todo el lado oscuro e incómodo del film, es decir, el canibalismo; que hacer una apología del ecologismo y el calentamiento global, que no me aporta nada. Lo bueno del film lo dejan para el final y lo tocan muy por encima, vaya!

Eso sí, se nota que hay presupuesto: la puesta en escena es brutal y las pocas escenas violentas (gore) que hay están muy bien, pero la historia en sí no me acaba de convencer, como ya os he comentado anteriormente. Pese a que las interpretaciones de los protas son correctas, no se profundiza en sus personajes ni nos identificamos con ninguno de ellos, nos da absolutamente lo mismo, si viven como si les cae un rayo.

Quizás deberían haberse centrado más en el tema que puede suscitar un poco de interés, al público ávido de cine de terror: el canibalismo. Eso sí, también hubiera sido del todo previsible, es lo que tiene centrarte en una sociedad post-apocalíptica, el margen de maniobra se te reduce un montón: faltan recursos!

Hell, es una pena, pero ha pasado por Sitges sin pena ni gloria, pero seguramente le daremos una oportunidad a Tim Fehlbaum, apunta bien y tiene maneras. Al menos esta producción alemana queda alejada de otras producciones más sangrientas (ultragore) del país germano.

Eso sí, si eres fan del Capità Planeta, te gustará.

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El País del Sexo Salvaje (1972)

El País del Sexo Salvaje (1972)

El País del Sexo Salvaje (1972)

El País del Sexo Salvaje” (Dir: Umberto Lenzi – Il paese del sesso selvaggio, 1972), también conocida allende de nuestras fronteras como “El Hombre del Río Profundo”. John Bradley, un fotógrafo inglés, llega a Tailandia para visitar el país viéndose envuelto poco tiempo después en  una pelea en un club nocturno con un nativo, con tan mala fortuna que éste muere acuchillado por el fotógrafo. Para escapar de las autoridades, John contratará a un guía que lo adentrará por medio de un caudaloso río a través de las selvas tailandesas. Creyéndose libre de todo peligro, una mañana, al despertar, se encuentra con el guía muerto flotando en el agua y con una tribu salvaje que lo miran desconcertados al llevar John el traje de submarinismo, motivo que hace que le confundan con un dios de las aguas. Rápidamente, los indígenas lo capturan y lo llevan a su poblado donde lo mantendrán preso y lo utilizarán para sus tareas más serviles. María, una nativa ya entrada en años que entiende su idioma por haber tenido contacto con un misionero es la única que tiende a ayudarle y a hacerle más llevadera su esclavitud. Sin embargo, John solo tiene ojos para Maraya, hija del jefe de la tribu, la cual y desde el primer momento también manifiesta una cierta atracción hacia él. Tras un intento frustrado de huída,  John acabará por resignarse e integrarse en la tribu, siendo aceptado por todos ellos de tal manera que, tras formar pareja con Maraya, y después del ataque súbito de una tribu rival caníbal que arrasará el poblado, se hará con el liderazgo renunciando a volver a la civilización.

Detrás de este título un tanto horroroso, se esconde un film que vale la pena destacar por varias razones. Dirigida por Umberto Lenzi, sería la primera incursión en el género de caníbales selváticos, género que tuvo su máximo apogeo entre los años 70 y 80, y en el cual los italianos fueron sus máximos exponentes. El propio Lenzi dirigiría más tarde  la mediocre “Comidos Vivos” (1980) y la bestial “Caníbal Feroz” (1981). Sin embargo,  cuando hablamos de las películas con esta temática a todos nos viene a la mente la popular “Holocausto Caníbal” de Ruggero Deodato (1980). Recordemos que en su momento fue todo un éxito, debido a que la revista “Interviu”  había publicado un reportaje anterior al estreno, que confirmaba que las secuencias de la película donde los reporteros eran masacrados por los caníbales eran verídicas. La numerosa cola de espectadores que se formó en lo que antes era el cine Goya, ávidos de ver una supuesta snuff movie, fue todo un espectáculo. España hizo sus pinitos también en el género con la peor película de caníbales jamás filmada: “Terror Caníbal” de Julio Tabernero (1981).

Volviendo a la película que nos ocupa, “El País del Sexo Salvaje”, pese a ser la pionera del género, se aparta bastante de las películas que después la seguirían. Las típicas secuencias de caníbales, descuartizando y devorando a sus víctimas, aquí son más bien escasas, ya que los devoradores de hombres no son los nativos protagonistas que capturan a John, sino la tribu rival. Podemos contemplar alguna que otra amputación de lengua, otra de un pecho y poco más. Por el contrario, las matanzas reales de animales, de las cuales no soy nada partidario, se manifiestan en toda su crueldad: un cordero degollado, un pequeño cocodrilo salvajemente mutilado, la lucha de una mangosta contra una cobra, y, la más heavy de todas, somos testigos de cómo a un mono le sujetan la cabeza, y de un machetazo  le cortan el cuero cabelludo dejando al descubierto los sesos, que serán rápidamente saboreados por los indígenas. Dicha secuencia, casi calcada, la podemos ver también en una de las películas de la salvaje serie  “Rostros de Muerte”, y si cambiamos al mono por un hombre, tendremos más de  lo mismo en la película “Caníbal Feroz”, del propio Lenzi.

Más que una película de caníbales en sí “El país del sexo salvaje” parece una película de aventuras, sazonada con una historia de amor, la existente entre John y Maraya. Su  desarrollo temático es sospechosamente parecido al del film “Un Hombre Llamado Caballo” de Elliot Silverstein (1970), aunque este último es superior con mucho al de Lenzi. En el film italiano,  el protagonista, para ser aceptado por la tribu, es atado a un poste giratorio dentro de una cabaña y es mortificado con unos dardos disparados por los varones de la tribu. Recordemos que en la película de Silverstein, Richard Harris era sometido a una tortura mucho más bestial, colgado por el pecho y elevado en el aire,  para ser expuesto a los rigores del sol durante un día. A pesar de los paralelismos existentes entre ambas películas “El país del sexo salvaje” se deja ver con agrado,   siendo destacables la fotografía y los paisajes naturales.

Mutilaciones y otros pasatiempos.

Mutilaciones y otros pasatiempos.

Al principio de la película se nos informa que los ritos de los indígenas que podremos presenciar son reales. Destacan  la escena donde tras la muerte de uno de los nativos su cuerpo es incinerado, y su viuda es obligada a copular con todos los sementales de la tribu, tendida sobre las cenizas del difunto. Otro rito curioso es el que permite a las nativas escoger a su compañero: desnudas dentro de una choza y con los ojos vendados,  son palpadas por los machos de la tribu a través de unos agujeros practicados en la pared. Depende del buen quehacer del toqueteo en cuestión la mujer decidirá quién es el afortunado que compartirá su lecho.

En cuanto a interpretación se refiere, Ivan Rassimov como John Bradley cumple más que correctamente con su cometido, y Me Me Lai como Maraya nos deleita con la mayor parte de los desnudos de la película, cosa que es de agradecer por ser poseedora de una gran belleza exótica. Rassimov repetiría con Lenzi en “Comidos Vivos” interpretando el papel de líder de la secta, al estilo de Jim Jones, y Me Me Lai se volvería una asidua del género protagonizando también “Comidos Vivos” y la más que interesante “Mundo Caníbal, Mundo Salvaje” de Ruggero Deodato (1976).

Y para acabar, solo comentar que “El País del Sexo Salvaje” se estrenó en España con la clasificación “S”. No sé si por las escenas eróticas, que no son demasiadas, o por la violencia expuesta en la película.

By Miscua!